De muy pequeñito, al empezar a ir a la escuela, me enseñaron a leer y a escribir.
Yo no lo recuerdo, porque hace muchos años y era muy pequeño, pero el caso es que aprendí las letras, los fonemas, etc.
Recuerdo que había un par de “letras especiales” que no eran letras en sí mismas, sino un conjunto de letras con un sonido concreto llamado dígrafo.
Estas letras eran la CH («che» o «ce hache») y la LL («elle»).
La CH era la de «chico», «cucaracha» y «chocolate». La LL era la de «llave», «cabello» y «pollo».
Independientemente de su posición dentro de una palabra, la CH siempre sonaba /t∫/ y la LL siempre sonaba /ʎ/.
Puede que ya no se consideren letras y que no se las incluya en el alfabeto, pero siguen funcionando igual que siempre, siguen representando los mismos fonemas.
Por esa razón, me extraña que haya gente que, sabiéndolos pronunciar al principio y en pocisiones intermedias («llave», «cabello»), sea incapaz de pronunciarlos correctamente en posición final («Sabadell», «Maragall»).
Por lo que tengo entendido, el problema yace en que no hay ninguna palabra en español que acabe en LL. Esto hace que la mayoría de los castellanohablantes no tenga costumbre de pronunciar este dígrafo a final de oración y, cuando se topa con algún nombre propio que acaba en LL, lo pronuncia como una sola L.
Sea como sea, está claro que en castellano las palabras se pronuncian tal como se escriben y que una LL siempre suena igual. Por lo tanto, creo que la gente debería hacer un pequeño esfuerzo e intentar pronunciar las palabras tal como se debe.
Un truco para lograrlo consiste en añadir una E a la palabra.
Por ejemplo: Sabadelle.
De este modo, el hablante se familiariza con la palabra y, cuando ve que la puede pronunciar bien, sólo debe quitar la vocal final. Esto puede ser difícil para algunos hablantes pero, como todo, es cuestión de practicar.
Hace un año: Del club Dumas a las nueve puertas





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[…] e dudas Casteldefels tampoco existe Hace un tiempo, comentaba en un artículo la sorpresa que me causaba el hecho de que, en general, haya muchos […]