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¿Puede una máquina sustituir al traductor humano?

A través de Translation Notes, llego a un interesante artículo publicado en Slate en el que Jesse Browner se pregunta si llegará un día en que la traducción automática sustituirá al traductor humano.

El artículo, que me ha parecido muy interesante, explica un poco el estudio de mercado que ha realizado Browner y las conclusiones que ha sacado después de evaluar diferentes sistemas de traducción automática, traducción asistida por ordenador, memorias de traducción, etc.

Su pequeña investigación corrobora cosas que resultan obvias para la mayoría de los profesionales del lenguaje, pero que el público general desconoce. Por ejemplo, que una frase no es la suma de sus palabras, sino que hay que tener en cuenta toda una serie de condiciones implícitas: el contexto, la cultura del autor, el objetivo de la comunicación, la cultura del público objetivo, las referencias a otros documentos…

Las máquinas no pueden contextualizar los diferentes segmentos del documento a traducir. Pueden llegar a relacionar segmentos entre sí para “saber”, en cierto modo, a qué hacen referencia las palabras polisémicas, pero difícilmente podrán llegar a tener en cuenta los diferentes referentes culturales del autor y de los receptores del texto original.

Es decir, es teóricamente posible que un programa informático escanee un texto completo para considerar si, en ese documento en concreto, es más probable que “banco” se refiera a una pieza de mobiliario urbano o a una entidad financiera. Sin embargo, es prácticamente imposible que un programa informático sea capaz de evaluar cosas como la intención comunicativa del autor (ironía, complicidad, agresividad, súplica…), como las referencias culturales del autor y su forma de comunicarlas para que el público de la traducción las entienda, como las referencias a libros, películas, canciones, etc. que pueda hacer el autor, etc.

Una frase tan simple como «el coche funciona de maravilla» puede significar realmente que el coche funciona bien. No obstante, también puede signficar que el coche no funciona nada bien si el narrador está siendo irónico.

Es posible que la cultura de llegada trate de forma distinta la ironía, por lo que conviene tener en cuenta lo que realmente quiere transmitir el narrador a la hora de traducirlo.

Los juegos de palabras también son casi imposibles de interpretar por un dispositivo incapaz de razonar. Algo tan sencillo como «Más vale un euro en la mano que mil euros volando» puede perder toda la “gracia” al ser traducido sin tener en cuenta que es una modificación de un refrán.

Lo mismo pasaría con referencias a obras literarias, canciones, películas, etc. Si, al traducir del español al inglés, «Yo para ser feliz quiero un melón” se convierte en “I need a melon to be happy”, estamos perdiendo buena parte del mensaje.

Afortunadamente para los traductores, hoy en día la máquinas no son capaces de razonar y, por lo tanto, no puede captar ese tipo de cosas.

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