Cuando yo estaba en secundaria, el sistema educativo dividía el Bachillerato Unificado Polivante y el Curso de Orientación Universitaria en “ciencias” y “letras”.
Las ciencias eran asignaturas como: Matemáticas, Física, Química, Biología, Geología y Dibujo Técnico.
Las letras eran asignaturas como: Literatura, Historia del Mundo Contemporáneo, Latín, Griego, Historia del Arte, Matemáticas II y Filosofía.
Yo escogí la vía de las ciencias “puras”. Concretamente: Matemáticas, Química, Biología y Geología.
Cuando se lo comento a gente que conozco, todos se extrañan de que un traductor estudiase ciencias en el instituto. Para ellos: Traducción = letras. Por lo tanto, es raro que alguien que ha hecho ciencias se convierta en traductor.
Yo siempre he pensado que la carrera de Traducción e Interpretación no es una carrera meramente de letras. Varios de mis compañeros también venían de la rama científica y ahora son grandes profesionales del sector.
Para ser un buen traductor no basta con saber idiomas, debes conocer muy bien la cultura que ha originado el mensaje a traducir y la cultura al que va destinado. También debes conocer los procesos y los mecanismos necesarios para transmitir ese mensaje.
La Traducción es un complemento comunicativo necesario para que un mensaje (producto, servicio, concepto) se propague de una cultura a otra.
Sin embargo, todo esto cae dentro de las ciencias sociales y humanas (antropología, economía, historia, relaciones internacionales, derecho, política, psicología…).
Por lo tanto, debo dar la razón a todos los que me han dicho que Traducción e Interpretación es una carrera “de letras”.
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