La licenciatura de Traducción e Interpretación es una carrera sorprendente. Por lo visto, cada vez goza de mayor prestigio, lo que se traduce en una mayor demanda y, por lo tanto, en notas de corte más altas. Paradójicamente, el hecho de que la nota de corte sea más alta (debido al incremento de la demanda), hace que aumente el prestigio de la licenciatura y, por lo tanto, que la demanda aumente de nuevo.
Visto así, parece un pez que se muerde la cola: mayor prestigio => mayor demanda => notas de corte más altas => mayor prestigio…
Por otro lado, el trabajo en el sector de la traducción y la interpretación no goza del mismo prestigio que la licenciatura. El hecho de ser una profesión que cualquiera puede ejercer sin necesidad de acreditar ningún tipo de experiencia ni formación, combinado con la creación relativamente reciente de la licenciatura, hace que sea una de las profesiones con un índice de intrusismo más elevado.
A parte de los profesionales que se dedican a la traducción (interpretación, localización, traducción literaria…) desde antes de que existiera la carrera, hay un amplio sector de “traductores” que accede al sector sin la preparación necesaria para ello: inmigrantes que traducen de su lengua nativa a la lengua local (i viceversa), estudiantes de idiomas, profesionales de otros campos…
Además, curiosamente, buena parte de los estudiantes que cursan la licenciatura de Traducción e Interpretación no lo hacen con la intención de acabar trabajando en el sector. Muchos sólo quieren aprender idiomas (pese a que las FTI no son los lugares más indicados) para después dedicarse a algo relacionado con turismo, comercio, diplomacia, empresariado e incluso periodismo.
Así pues, vemos que la licenciatura de Traducción e Interpretación no está demasiado vinculada al ejercicio profesional (y eso sin entrar a debatir lo alejados que están los programas de las FTI del mundo laboral).
Mientras, por un lado, cientos de estudiantes entran cada día en una carrera que cada vez es más competitiva, al otro extremo de la licenciatura tenemos un mundo laboral que no parece demasiado atractivo para ellos.
Esta situación, a parte de ser curiosa, hace que estudiantes que desean cursar la carrera para ejercer de traductores no puedan acceder a ella porque “sus” plazas las ocupan otros estudiantes que han sacado mejores notas pero que no quieren dedicarse a la traducción.
Llegados a este punto, ¿cómo se podría equilibrar la balanza para enfocar la licenciatura de Traducción e Interpretación a los estudiantes que quieren prepararse para entrar en nuestro sector?, ¿sería buena idea crear colegios oficiales para regular el ejercicio de la profesión, tal como ocurre con otras carreras?, ¿deberíamos pensar en campañas informativas destinadas a los alumnos de bachillerato para explicarles qué se aprende y qué no se aprende en una FTI?
Al final, parece que la única forma de popularizar nuestra profesión sería una serie americana sobre el sector
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