Hace unos días me llamaron para pedir un presupuesto de traducción.
Era un cliente nuevo que venía recomendado por otro cliente y quería traducir su página web, pero sólo algunas secciones. Me estuvo diciendo qué era lo que quería traducir, yo tomé nota y acordamos que le pasaría un presupuesto.
Cuando tuve un momento, me dediqué a preparar el presupuesto. Recorrí la web, capturé el texto, lo analicé y, finalmente, terminé el presupuesto, lo revisé, lo mandé por correo electrónico y llamé al cliente para confirmar que había llegado bien.
Normalmente, suelo esperar la respuesta del cliente un par de semanas, por si está muy ocupado, por si tiene que comentarlo con alguien, por si ha pedido más presupuestos, etc.
Cuando ya habían pasado las dos semanas, me encontré casualmente con el cliente que me había recomendado y me dijo que le habían dicho que habían rechazado mi presupuesto porque era muy caro y que habían decidido traducirlo ellos mismos.
Yo puedo entender la decisión del cliente de no aceptar mi presupuesto. También entendería que hubieran pedido varios y hubieran escogido el que más les conviniera. Lo que no entiendo es que no se dignaran ni a mandarme un mensaje para hacerme saber que no iban a contar conmigo.
Considero que es una falta de respeto hacerle perder el tiempo a alguien preparando un presupuesto para luego no gastar ni un minuto de tu tiempo para decirle que has preferido no contar con sus servicios.
Desgraciadamente, esta práctica se está volviendo cada vez más habitual. Clientes que me contactan, me piden un presupuesto para traducir miles de palabras y luego desaparecen en la nada como espectros.